A continuación va lo publicado en la columna "Sembradores de fósforos" coordinada por Emiliano Bustos; publicado en Plebella Nº 15 de diciembre 2008/ marzo 2009.-
NÍSPEROS
un árbol de nísperos
plantó un vecino
en la tierra suave de tu infancia
para que diera sombra
a las noches del mundo
para que me diera sombra
A la hora de hablar de la escritura de un libro de poemas siempre vuelve a mi cabeza lo dicho por un poeta de Rosario respecto a que cada libro debería representar una obra, un algo orgánico, no un conjunto de poemas agrupados azarosamente. Ese consejo de hace ya bastantes años trata de venir a compensar con la dispersión de algunos poemas, en mi caso, al momento de la elaboración y de la estructuración del libro.
Por otra parte, la “anécdota” que pueda haber en torno de los poemas no siempre es clara o localizable, pero voy a intentar referirla en algunos –personalmente, las posibles “aclaraciones” de los textos me interesan, pero prefiero antes hacer una primera lectura virgen del poema-.
Repasando rápidamente las secciones de mi último libro publicado,”Intervalo lúcido”, hay primero una serie de poemas –“Cromático sombrío”- donde de algún modo el elemento aglutinante es el amor o las relaciones –quizá el fin de las relaciones más precisamente-, y en la cual se juega un poco con la idea de las sombras y la oscuridad. En “La sombra de una sombra” el disparador concreto fue ofrecerme a ir a buscar los impuestos a la casa de un amigo a la que se iba a ir a vivir con su pareja, quien lo dejó antes de mudarse, y a la cual no había vuelto desde entonces. Entonces se me ocurrió antes de ir, pensar lo que podría experimentar él si fuera quien volviese a esa casa “abandonada”.
Después viene “Intervalo lúcido”, la serie que da título al libro y que –tomando esa categoría del Derecho- intenta cierta referencia al hecho de la creación poética –y también lo “lúcido” y lo “lúdico”-. La idea de titular varios poemas del mismo modo –intervalo lúcido justamente- la tomé de Eduardo D`Anna, de su libro “La montañita”.
Hay luego un par de poemas (“Papeles personales” la sección) sobre mis padres. El primero, “El juez de la pureza”, es sobre la carencia de agua que vivía mi padre en su niñez en Tostado (norte de Santa Fe) y su vida posterior en Rosario –la abundancia de agua del Paraná-. “Nísperos” es sobre un árbol de nísperos que un vecino le regaló a mis abuelos cuando mi madre era una nena, para que lo plantaran y crecieran juntos, y donde en el final del poema me cruzo yo. En este punto, desde lo subjetivo personal que alimenta lo poético, es significativo cómo la substancia del libro posterior inmediato –inédito- cambia por el nacimiento de mi primera hija, lo que implica poner en juego un esfuerzo grande para que lo maravilloso no pierda la batalla contra lo trillado del tema.
La serie que continúa (“Mantel al viento”) corresponde a una serie de poemas donde está de algún modo presente lo culinario, y que ya habían aparecido en la antología temática “Pulpa”, para la cual no fueron escritos si no que estaban de antes. Más que ser lo culinario el tema, diría que en cada uno hay alguna referencia a dicho elemento, dentro de un contexto más difuso.
El libro termina con un bestiario, cuyo último poema -“Ocho (Parado en el muelle)”- en una lectura posterior me remite como inspiración a un poema de largo título de Fernando Marquínez, donde no es la muerte del pez si no la del pescador con la que juega. La intención de tratar de introducir en la idea de la muerte alguna esperanza no creo que haya sido algo deliberado si no que se me ha revelado después, como en definitiva sucede muchas veces en este proceso de elaboración del poema, sobre el cual se puede en definitiva escribir muchísimo y mantener igualmente tanto de inexplicable.
Lisandro González
Tuesday, July 14, 2009
ALGO NUEVO - COMENTARIO DE LO ALBERGADO
Desde la gentil creación de este blog por parte de mi amigo Fernando Marquínez, nunca fue actualizado; antes que la caducidad y las telarañas lo consuman, un comentario de Lo Albergado, libro de María Paula Alzugaray, saludos.-
LO ALBERGADO. María Paula Alzugaray. 2008.
La publicación de un primer libro muchas veces supone una experiencia que mezcla cierta inocencia con algo de intrepidez, y que implícitamente conserva cierto margen de error que el tiempo y los futuros libros, donde las voces pueden irse consolidando, terminan disculpando.
Nada más lejano de ese contexto en la aparición de “Lo albergado”, primer libro “publicado” –aguardan otros libros anteriores inéditos- de María Paula Alzugaray. Aquí ya tenemos a una poeta hecha, dotada de una madurez y una voz que dan cabida a una poesía delicada y a la vez rigurosa. Por otra parte, ya se venía dando a conocer su obra a través de la aparición fundamentalmente en diferentes antologías, pero donde igualmente la concreción en libro individual ya se reclamaba desde largo tiempo.
Es dable reconocer que la espera ha valido la pena, y tan es así que para hacerlo ha elegido la autora un libro “objeto”, con una edición casi artesanal, la cual confluye perfectamente con la calidad poética del mismo.
Sobre los poemas subyace la mirada hacia el paisaje de la infancia, desde donde se va construyendo un trayecto que ilumina esos recovecos donde resuena la voz del pasado, a la vez que se crea belleza. También la poeta deposita esa mirada sobre el cuerpo y los afectos.
Precisamente en el poema “Lo albergado” Alzugaray señala que “…Ignoraba/ que en el corazón del hogar casi aséptico/ también había vida/ objetos yermos que me preservaban”, siguiendo así a Bachelard cuando dice que “las imágenes de la casa marchan en dos sentidos: están en nosotros tanto como nosotros estamos en ellas.”
Ya Beatriz Vignoli marcó acertadamente al comentar este libro las influencias de la autora, tales como una sutil presencia del modernismo –que podríamos enmarcar de modo más general en cierto gesto “clásico”-, que le permita decir a la poeta “¿Qué luz viene de ti/ que me enceguece?”-, o los caminos ya iniciados por Beatriz Vallejos y Concepción Bertone. También se ha ocupado de señalar que su olfato poético no husmea precisamente en la no del todo bien llamada “poesía de los noventa”. Y podemos agregar que, respecto a ese pasaje del lugar de la infancia, Coronda, a la ciudad de residencia, Rosario en el caso de Alzugaray, encontramos un valioso antecedente en la poesía de otro corondino que ahora vive en Buenos Aires, como César Bisso.
Lo cierto es que en la construcción del libro se reconoce un trabajo intenso del poema, el cual, a pesar de la tradición modernista que la propia actora reconoce, se construye mayormente a través de la concisión. Y en la contemplación que predomina en la obra siempre están los ojos de la poeta, deteniéndose sobre las cosas o sobre el pasado, pero nunca a pesar de ello abrumando con su yo, si no más bien invitando en un susurro: “¿Cómo decir patio/ sin que se quiebre el barandal del recuerdo?”
Y finalmente, elige para cerrar el libro un verso que confirma lo que logra “Lo albergado” durante todo su desarrollo, es decir, la posibilidad no sólo de la poesía si no del decir en poesía: “… y esto cabe en una frase”.
Lisandro González
LO ALBERGADO. María Paula Alzugaray. 2008.
La publicación de un primer libro muchas veces supone una experiencia que mezcla cierta inocencia con algo de intrepidez, y que implícitamente conserva cierto margen de error que el tiempo y los futuros libros, donde las voces pueden irse consolidando, terminan disculpando.
Nada más lejano de ese contexto en la aparición de “Lo albergado”, primer libro “publicado” –aguardan otros libros anteriores inéditos- de María Paula Alzugaray. Aquí ya tenemos a una poeta hecha, dotada de una madurez y una voz que dan cabida a una poesía delicada y a la vez rigurosa. Por otra parte, ya se venía dando a conocer su obra a través de la aparición fundamentalmente en diferentes antologías, pero donde igualmente la concreción en libro individual ya se reclamaba desde largo tiempo.
Es dable reconocer que la espera ha valido la pena, y tan es así que para hacerlo ha elegido la autora un libro “objeto”, con una edición casi artesanal, la cual confluye perfectamente con la calidad poética del mismo.
Sobre los poemas subyace la mirada hacia el paisaje de la infancia, desde donde se va construyendo un trayecto que ilumina esos recovecos donde resuena la voz del pasado, a la vez que se crea belleza. También la poeta deposita esa mirada sobre el cuerpo y los afectos.
Precisamente en el poema “Lo albergado” Alzugaray señala que “…Ignoraba/ que en el corazón del hogar casi aséptico/ también había vida/ objetos yermos que me preservaban”, siguiendo así a Bachelard cuando dice que “las imágenes de la casa marchan en dos sentidos: están en nosotros tanto como nosotros estamos en ellas.”
Ya Beatriz Vignoli marcó acertadamente al comentar este libro las influencias de la autora, tales como una sutil presencia del modernismo –que podríamos enmarcar de modo más general en cierto gesto “clásico”-, que le permita decir a la poeta “¿Qué luz viene de ti/ que me enceguece?”-, o los caminos ya iniciados por Beatriz Vallejos y Concepción Bertone. También se ha ocupado de señalar que su olfato poético no husmea precisamente en la no del todo bien llamada “poesía de los noventa”. Y podemos agregar que, respecto a ese pasaje del lugar de la infancia, Coronda, a la ciudad de residencia, Rosario en el caso de Alzugaray, encontramos un valioso antecedente en la poesía de otro corondino que ahora vive en Buenos Aires, como César Bisso.
Lo cierto es que en la construcción del libro se reconoce un trabajo intenso del poema, el cual, a pesar de la tradición modernista que la propia actora reconoce, se construye mayormente a través de la concisión. Y en la contemplación que predomina en la obra siempre están los ojos de la poeta, deteniéndose sobre las cosas o sobre el pasado, pero nunca a pesar de ello abrumando con su yo, si no más bien invitando en un susurro: “¿Cómo decir patio/ sin que se quiebre el barandal del recuerdo?”
Y finalmente, elige para cerrar el libro un verso que confirma lo que logra “Lo albergado” durante todo su desarrollo, es decir, la posibilidad no sólo de la poesía si no del decir en poesía: “… y esto cabe en una frase”.
Lisandro González
Thursday, August 24, 2006
LISANDRO GONZÁLEZ

Lisandro González (1973).
Reside en Rosario, Argentina.
Ha publicado en poesía:
“Esta música abanica cualquier corazón”. Homo Sapiens Ediciones. 1994.
“Leña del árbol erguido”. Ediciones Poesía de Rosario. 2000.
“Hobbies de hotel.” Ediciones en Danza. 2004.
Ha colaborado con poemas y comentarios de libros en revistas y suplementos literarios de Rosario, Santa Fe, Buenos Aires (Argentina) y de Uruguay y Méjico.
Ha sido incluido en los volúmenes colectivos “Café con Letras – Poetas de Rosario” (1997); “Retratos de Poetas” (2000); “Los que siguen” veintiún poetas rosarinos (2002), “Dodecaedro de poetas” selección de doce poetas rosarinos publicada por el Concejo Municipal; en páginas web de poesía, y en el CD “Voces de Poetas” (1999).
Ha coordinado el ciclo de lecturas “La Poesía en los bares” desde el año 2000 al 2003.
Actualmente es colaborador del suplemento de cultura (Señales) del Diario La Capital de Rosario.
Integra el proyecto de escritura colectiva "EL ARO EN LA LENGUA" junto a Fabricio Simeoni, Roberto Lobos, Fernando Marquinez, Patricio Valverde, Germán Roffler, Federico Tinivella y Ricardo Guiamet.
Selección de poemas de Intervalo lúcido (inédito)
EL OSCURECERSE DE DOS SOMBRAS
bajo la sombra dichosa
que los cuerpos cosechan en la noche
salen a tolerar
la luz de la mañana de olivos
el olor de las panaderías
decora la levedad de la gente
de las horas primeras
se han besado
y de esas bocas se aferran
para soportar
la melancolía futura,
mezclada en las nubes
de las próximas lluvias
LAS CHISPAS EN LA NOCHE
te descalzabas
en silencio
después de haber calzado cosas
de mi vida en tus costillas
y las cosas
se despegan solas
o las arrancás porque hay cosas
de mi vida en otra parte
¿estos papeles sueltos
se irán recopilando en algún libro de carne?
¿cualquiera de esos pájaros
picoteará los montones desvencijados?
te descalzaste entonces
y tu triste talón vulnerable
pudo alejarte
descalza, prudente
LA SOMBRA DE UNA SOMBRA
la casa parecía ansiosa:
nos esperaba a los dos
y no a este ramillete
de huesos
por el que vengo dándome a conocer
han pasado varias semanas
desde que tus ojos
cerraron la casa nuestra
y la dulzura del sueño cotidiano
para dar paso a la vida
espalda
contra
espalda
y
distancia, olvido,
dolor, etc.
hoy he venido a esparcir
algo de ese dolor en esta luz ingenua
que habíamos dejado prendida
en el suelo
montones de papeles
que juntos hubiéramos intentado llevar al día
ramas muertas de árboles vecinos
sobre el techo,
el polvo del desconcierto y la ausencia
-en ese rincón
la biblioteca con la piel
reseca de mis libros-
los fantasmas de la casa
se chocan con los que vengo cobijando
y juntos, ellos, yo, todos lloramos
la carne muerta del amor
la casa no entiende:
¿quién es este hombre abatido
en la desmesura de lo roto?
afuera, el mismo sol
de los cementerios,
lo cubre todo y se regodea
en una casa
con un hombre solo
LA SOMBRA DEL RECUERDO
“Y poco a poco fue desenvolviéndose/ la hebra fatal...” (L. Lugones)
encuentra
en un libro que ella le ha prestado
un viejo pasaje de colectivo
imagina los motivos del viaje,
su rostro y sus ojos grises
al regresar,
el momento de llegar
a retiro, y todo eso
la hora de compra y la de partida
dejan un espacio
de una media hora
donde él la piensa
fumando unos de esos cigarrillos
con que gusta languidecer
pero entonces su mente
pone en la pantalla
algún regreso propio de retiro
el colectivo doblando,
el dibujo de mujica,
y la cinta de la melancolía
desenrollándose
EL ENSOMBRECERSE DE DOS OSCURIDADES
él intenta besarla
en los espacios vacíos de la noche
para aferrar lo más posible ese cuerpo
que la vida está malvendiendo al
pasado
cree él que su amor frugal pesa más
pero no puede saber
de sus ojos más que la parte
verde y blanca que lo mira piadoso
y poco o nada sobre la parte blanca y sangre
donde ella cosecha el silencio
mientras tanto,
los peces del mundo
mordisquean la luna mutilada en el agua
y siguen su camino
EL AROMA DE LAS SOMBRAS I
se acerca un buitre
al deleite de esta carne mustia
y la fragilidad del sol
de esa mañana cualquiera
se mezcla apenas
con las frugales memorias
a punto de ser
carcomidas por el mundo
EL AROMA DE LAS SOMBRAS II
se saludan
ella deja el ascensor
él entra al ascensor
donde ella acaba de esparcir
un perfume suave
que lo rasguña
durante toda la nostalgia
EL RECUERDO
en la tristeza de sus ojos
nublados por la vida
trepa
-no recuerdo
bien
cómo-
el
recuerdo
QUE SE TRANSFORMA
en la melancolía
con la bolsa llena
y la dulce jalea
en días de lluvia
un pájaro ciego
en los días de sol
alguna brisa
un paraguas
y un par de lentes oscuros
así,
pedazo tras pedazo
se arma
el olvido su equipaje
EN OLVIDO
entre las cenizas
cartílagos,
medias
algunas viejas miradas
mientras las olas rojas
barren las cenizas
y alejan los barcos
EL REFLEJO DE DOS SOMBRAS
ya es la hora
en que dan vuelta las sillas
y sacuden los manteles
hemos pagado,
hemos dejado la propina
y saludado al cheff
afuera
el viento del océano
y el frío del verano
divide los caminos
y se avecinan
las lluvias próximas
EPÍLOGO DE LUCES
el corazón rasgado en la mano
la métrica del desamor
y la dulce melodía
de los fracasos
con botellas rotas
y flores secas
en cambio ella
elige una hoja seca
y es la belleza
que elige el otoño
y mi vida
(De “Cromático sombrío”)
bajo la sombra dichosa
que los cuerpos cosechan en la noche
salen a tolerar
la luz de la mañana de olivos
el olor de las panaderías
decora la levedad de la gente
de las horas primeras
se han besado
y de esas bocas se aferran
para soportar
la melancolía futura,
mezclada en las nubes
de las próximas lluvias
LAS CHISPAS EN LA NOCHE
te descalzabas
en silencio
después de haber calzado cosas
de mi vida en tus costillas
y las cosas
se despegan solas
o las arrancás porque hay cosas
de mi vida en otra parte
¿estos papeles sueltos
se irán recopilando en algún libro de carne?
¿cualquiera de esos pájaros
picoteará los montones desvencijados?
te descalzaste entonces
y tu triste talón vulnerable
pudo alejarte
descalza, prudente
LA SOMBRA DE UNA SOMBRA
la casa parecía ansiosa:
nos esperaba a los dos
y no a este ramillete
de huesos
por el que vengo dándome a conocer
han pasado varias semanas
desde que tus ojos
cerraron la casa nuestra
y la dulzura del sueño cotidiano
para dar paso a la vida
espalda
contra
espalda
y
distancia, olvido,
dolor, etc.
hoy he venido a esparcir
algo de ese dolor en esta luz ingenua
que habíamos dejado prendida
en el suelo
montones de papeles
que juntos hubiéramos intentado llevar al día
ramas muertas de árboles vecinos
sobre el techo,
el polvo del desconcierto y la ausencia
-en ese rincón
la biblioteca con la piel
reseca de mis libros-
los fantasmas de la casa
se chocan con los que vengo cobijando
y juntos, ellos, yo, todos lloramos
la carne muerta del amor
la casa no entiende:
¿quién es este hombre abatido
en la desmesura de lo roto?
afuera, el mismo sol
de los cementerios,
lo cubre todo y se regodea
en una casa
con un hombre solo
LA SOMBRA DEL RECUERDO
“Y poco a poco fue desenvolviéndose/ la hebra fatal...” (L. Lugones)
encuentra
en un libro que ella le ha prestado
un viejo pasaje de colectivo
imagina los motivos del viaje,
su rostro y sus ojos grises
al regresar,
el momento de llegar
a retiro, y todo eso
la hora de compra y la de partida
dejan un espacio
de una media hora
donde él la piensa
fumando unos de esos cigarrillos
con que gusta languidecer
pero entonces su mente
pone en la pantalla
algún regreso propio de retiro
el colectivo doblando,
el dibujo de mujica,
y la cinta de la melancolía
desenrollándose
EL ENSOMBRECERSE DE DOS OSCURIDADES
él intenta besarla
en los espacios vacíos de la noche
para aferrar lo más posible ese cuerpo
que la vida está malvendiendo al
pasado
cree él que su amor frugal pesa más
pero no puede saber
de sus ojos más que la parte
verde y blanca que lo mira piadoso
y poco o nada sobre la parte blanca y sangre
donde ella cosecha el silencio
mientras tanto,
los peces del mundo
mordisquean la luna mutilada en el agua
y siguen su camino
EL AROMA DE LAS SOMBRAS I
se acerca un buitre
al deleite de esta carne mustia
y la fragilidad del sol
de esa mañana cualquiera
se mezcla apenas
con las frugales memorias
a punto de ser
carcomidas por el mundo
EL AROMA DE LAS SOMBRAS II
se saludan
ella deja el ascensor
él entra al ascensor
donde ella acaba de esparcir
un perfume suave
que lo rasguña
durante toda la nostalgia
EL RECUERDO
en la tristeza de sus ojos
nublados por la vida
trepa
-no recuerdo
bien
cómo-
el
recuerdo
QUE SE TRANSFORMA
en la melancolía
con la bolsa llena
y la dulce jalea
en días de lluvia
un pájaro ciego
en los días de sol
alguna brisa
un paraguas
y un par de lentes oscuros
así,
pedazo tras pedazo
se arma
el olvido su equipaje
EN OLVIDO
entre las cenizas
cartílagos,
medias
algunas viejas miradas
mientras las olas rojas
barren las cenizas
y alejan los barcos
EL REFLEJO DE DOS SOMBRAS
ya es la hora
en que dan vuelta las sillas
y sacuden los manteles
hemos pagado,
hemos dejado la propina
y saludado al cheff
afuera
el viento del océano
y el frío del verano
divide los caminos
y se avecinan
las lluvias próximas
EPÍLOGO DE LUCES
el corazón rasgado en la mano
la métrica del desamor
y la dulce melodía
de los fracasos
con botellas rotas
y flores secas
en cambio ella
elige una hoja seca
y es la belleza
que elige el otoño
y mi vida
(De “Cromático sombrío”)
Selección de poemas de Hobbies de Hotel (2004)
1.0
era clásica
la postura de los amantes
desde el piso alto
frente a la avenida
sólo tiritaban
las puntas de sus pies
y el viento estremecía
la blanda escarcha
en sus orejas
2.1
él se levantó
a tomar agua
un insecto verde y rojo
se posó en su vientre
algo oscuro
le llevaba un mensaje de amor
que lerdamente
él hizo crujir
en sus manos
2.4
mañana ellos vuelven
a la trinchera
donde el mundo se
vuelca en un pañuelo
mientras tanto
se asoman a la terraza
a ver
las cintas de tristeza
que elige el cielo
3.0
los plátanos están crujientes
el otoño ya se ha dolosamente
demorado
ella se lava las pupilas
y recuerda la niña de la foto
vuelve a la cama
y se pone
nuevamente
la escafandra
3.9
un globo de silencio
se eleva hasta enfriarlo
todo
salen
en el cine
se acuerdan del cine
y se olvidan de la mano
que descuidadamente
están tomando
4.2
ven la belleza del campo
de la ciudad
y la del alma
así
sucesivamente
cambiando de canales
4.25
después de todo
no es tan mala
esta compañía
tal vez no sería entonces
tan plácida
la estación
toman vino en sus tazas
y se zambullen de cabeza
hacia la profundidad del día
(De “Un amor de película”)
“and the only sign of life is the ticking of the pen”
Marillion, Hobbies de Hotel
I
el dardo
da al centro de la noche
bola blanca sobre bola negra
un papel se quema
y el cigarrillo es la metáfora
hay partes de la ciudad
donde el agua del tiempo
pesa diferente
II
era la flor que tomaste
con delicados dedos
de este infierno
un olor previsible, tal vez
demasiadas veces
mal vendido
pero no importó,
suficiente el amor
que acaricia tus pies descalzos
y se deshace en venidera primavera
III
ojos de piedad,
piedras resplandecientes
para el peregrino
que aún no puede salir
del hotel
IV
las estrellas de carne
se cuelan por las rejillas
del cielo
nada sencillo
discutir sobre el sexo de la noche
cuando los animales hambrientos
rodean el hotel
(De “Hobbies de hotel”)
I
la vida es pintar
los cardos y mostrarlos
a los transeúntes, ilusionarlos
con nuestros lentes
de caracoles extasiados
y teñir la crueldad del día
II
la vida es tu vientre donde
un atardecer se esconde
con furia
y se vuelve transparente
en bellas noches nupciales
III
la vida en tu boca
es montaña
de un árbol desnudo
IV
la vida es el coraje
de la ropa antigua
ardiendo sobre la felicidad
de la piel para hacer
humo en el lugar
de los ausentes
(De “Con la última sombra”)
era clásica
la postura de los amantes
desde el piso alto
frente a la avenida
sólo tiritaban
las puntas de sus pies
y el viento estremecía
la blanda escarcha
en sus orejas
2.1
él se levantó
a tomar agua
un insecto verde y rojo
se posó en su vientre
algo oscuro
le llevaba un mensaje de amor
que lerdamente
él hizo crujir
en sus manos
2.4
mañana ellos vuelven
a la trinchera
donde el mundo se
vuelca en un pañuelo
mientras tanto
se asoman a la terraza
a ver
las cintas de tristeza
que elige el cielo
3.0
los plátanos están crujientes
el otoño ya se ha dolosamente
demorado
ella se lava las pupilas
y recuerda la niña de la foto
vuelve a la cama
y se pone
nuevamente
la escafandra
3.9
un globo de silencio
se eleva hasta enfriarlo
todo
salen
en el cine
se acuerdan del cine
y se olvidan de la mano
que descuidadamente
están tomando
4.2
ven la belleza del campo
de la ciudad
y la del alma
así
sucesivamente
cambiando de canales
4.25
después de todo
no es tan mala
esta compañía
tal vez no sería entonces
tan plácida
la estación
toman vino en sus tazas
y se zambullen de cabeza
hacia la profundidad del día
(De “Un amor de película”)
“and the only sign of life is the ticking of the pen”
Marillion, Hobbies de Hotel
I
el dardo
da al centro de la noche
bola blanca sobre bola negra
un papel se quema
y el cigarrillo es la metáfora
hay partes de la ciudad
donde el agua del tiempo
pesa diferente
II
era la flor que tomaste
con delicados dedos
de este infierno
un olor previsible, tal vez
demasiadas veces
mal vendido
pero no importó,
suficiente el amor
que acaricia tus pies descalzos
y se deshace en venidera primavera
III
ojos de piedad,
piedras resplandecientes
para el peregrino
que aún no puede salir
del hotel
IV
las estrellas de carne
se cuelan por las rejillas
del cielo
nada sencillo
discutir sobre el sexo de la noche
cuando los animales hambrientos
rodean el hotel
(De “Hobbies de hotel”)
I
la vida es pintar
los cardos y mostrarlos
a los transeúntes, ilusionarlos
con nuestros lentes
de caracoles extasiados
y teñir la crueldad del día
II
la vida es tu vientre donde
un atardecer se esconde
con furia
y se vuelve transparente
en bellas noches nupciales
III
la vida en tu boca
es montaña
de un árbol desnudo
IV
la vida es el coraje
de la ropa antigua
ardiendo sobre la felicidad
de la piel para hacer
humo en el lugar
de los ausentes
(De “Con la última sombra”)
Selección de poemas de Leña del árbol erguido (2000)
VECINDADES
El viento
dialoga
con tus manos atadas,
olfato trunco
y tu vida
aun indecisa.
De noche,
atracás
en puertos estelares.
HOMICIDIOS
La luna
apuñala
los astros
y te hacés cómplice.
Callás los lamentos
con tu arpa.
ÍCARO
Estrangulás el balcón
con sus propios
b a r r o t e s
pero esperás
para volar
los días nublados.
NEBLINA
Aprendiz de estrellas
te embriagás
con el alcohol espumoso
abundante en las mañanas frías
hasta que el bisturí del sol
quiebra tu copa.
MUDANZAS
hasta luego
camino extraño
linterna herida
en la pupila
diente roto
contra la miel añeja
hasta luego
puente nocturno
mano serena
agitándote
aferrando
la penumbra
hasta luego
memoria hundiendo
las uñas
pájaro aun más veloz
que palabra
o despedida.
(De “Vida de un balcón)
ÉXODOS (I)
Los lastima
aquel sol.
Acuden a sus maestros,
a que les froten
el vino.
Pero las brujas
pueblan la noche con pimientas
y los ojos de los mercaderes
entonces arden.
ÉXODOS (II)
Duendes borrachos, gnomos
devoran los almacenes.
Maldicen las ratas
y atan el flautista
con las cintas violetas
del atardecer.
ÉXODOS (III)
Los mercaderes
deberán beber del lago
y comer hierbas, legumbres.
Pero tal vez
abandonen la venganza
y encuentren la placidez
en las acacias
y los acordes del tren.
(De “Leña del árbol erguido”)
CANCIÓN SEDOSA
Las estrellas nunca muestran su soledad
de años luz
y hoy es una de esas noches,
suficiente para la compasión.
La apariencia vuelve las cosas tangibles.
DEGRADACIÓN
La luna se arqueaba
cuando le tocábamos la punta.
Su movimiento
era éxtasis, locura.
Pero un día
no dejó que la volviéramos a tocar.
Ahora la luna,
estrellas
son simples elementos decorativos.
FORMAS Y FORMAS
¿Las mujeres rubias
agonizan?
Hay horas
en que agitan
y observan
sus leves manos.
Parecieran temer
al crepúsculo
como si las quisiera
beber
en un último
y desesperado intento.
POETI-K
El poeta
presencia el mar
“Acabo de encender
el arte
pero el agua del mar
se cansa de mis versos
y quiere una garganta
-además,
cada mar
tiene su ritmo
y no soy
tan brillante.-”
El poeta
y el mar
se despiden
y vuelven
a cotidianos asuntos.
(De “Donde huir de Babilonia”)
El viento
dialoga
con tus manos atadas,
olfato trunco
y tu vida
aun indecisa.
De noche,
atracás
en puertos estelares.
HOMICIDIOS
La luna
apuñala
los astros
y te hacés cómplice.
Callás los lamentos
con tu arpa.
ÍCARO
Estrangulás el balcón
con sus propios
b a r r o t e s
pero esperás
para volar
los días nublados.
NEBLINA
Aprendiz de estrellas
te embriagás
con el alcohol espumoso
abundante en las mañanas frías
hasta que el bisturí del sol
quiebra tu copa.
MUDANZAS
hasta luego
camino extraño
linterna herida
en la pupila
diente roto
contra la miel añeja
hasta luego
puente nocturno
mano serena
agitándote
aferrando
la penumbra
hasta luego
memoria hundiendo
las uñas
pájaro aun más veloz
que palabra
o despedida.
(De “Vida de un balcón)
ÉXODOS (I)
Los lastima
aquel sol.
Acuden a sus maestros,
a que les froten
el vino.
Pero las brujas
pueblan la noche con pimientas
y los ojos de los mercaderes
entonces arden.
ÉXODOS (II)
Duendes borrachos, gnomos
devoran los almacenes.
Maldicen las ratas
y atan el flautista
con las cintas violetas
del atardecer.
ÉXODOS (III)
Los mercaderes
deberán beber del lago
y comer hierbas, legumbres.
Pero tal vez
abandonen la venganza
y encuentren la placidez
en las acacias
y los acordes del tren.
(De “Leña del árbol erguido”)
CANCIÓN SEDOSA
Las estrellas nunca muestran su soledad
de años luz
y hoy es una de esas noches,
suficiente para la compasión.
La apariencia vuelve las cosas tangibles.
DEGRADACIÓN
La luna se arqueaba
cuando le tocábamos la punta.
Su movimiento
era éxtasis, locura.
Pero un día
no dejó que la volviéramos a tocar.
Ahora la luna,
estrellas
son simples elementos decorativos.
FORMAS Y FORMAS
¿Las mujeres rubias
agonizan?
Hay horas
en que agitan
y observan
sus leves manos.
Parecieran temer
al crepúsculo
como si las quisiera
beber
en un último
y desesperado intento.
POETI-K
El poeta
presencia el mar
“Acabo de encender
el arte
pero el agua del mar
se cansa de mis versos
y quiere una garganta
-además,
cada mar
tiene su ritmo
y no soy
tan brillante.-”
El poeta
y el mar
se despiden
y vuelven
a cotidianos asuntos.
(De “Donde huir de Babilonia”)
Comentario de Hobbies de Hotel por Lobos, Guiamet y Marquinez
"HOBBIES DE HOTEL"
de Lisandro González / Ediciones En danza - 2004
Hobbies de Hotel es la confirmación de una serie de cosas que, a partir de la literatura, pueden descubrirse, aún en los pequeñas señales que la creación muestra y que merecen conocerse no sólo para comprender en su justa dimensión el universo del autor sino para compartirlo desde los textos que él mismo nos entrega.
Es dable aceptar la sencillez de las incidencias de la poesía de Lisandro González sobre “lo real” en tanto y en cuanto corta - y fragmenta - espacios cotidianos para desgajar así fotos sueltas del álbum de cada día otorgándoles una mirada renovada que vislumbra y especula joyas en cada trozo. Esa simpleza se sostiene en tópicos y permanencias que orientan, indican y distinguen una visión “gonzalezca” acerca de la percepción.
El hotel representa el estado ideal del ocio creativo, acaso el viaje que invita a la imaginería. Así, la noche se ve distinta desde el hotel, la luna cambia de ropaje, el amor lleva otro perfume y cada lugar se vive con la certeza de su inexorable desvanecimiento. Solamente quedará la imagen encriptada como una fotografía lista para reactivar el recuerdo y evocar la sustancia desaparecida.
El libro está dividido en capítulos que intercalan distintos matices. En ellos hay lugar para muchos lugares, algunos conocidos por todos, otros explorados por el particular criterio del escritor y otros expuestos casi como una ofrenda para que el lector concluya por sí mismo el disparador encendido desde la soledad de la mesa de trabajo del poeta.
Ninguna de las separaciones mencionadas precedentemente están aisladas del todo que conforma la obra. A través de ellas, y con total intencionalidad claro, nos va introduciendo en un camino a veces amplio, a veces cerrado - siempre ascético - que marca claramente cuál es su postura frente a los temas elegidos como medulares en el contenido general del poemario.
Nada es casualidad en Hobbies de Hotel: desde la tapa misma se advierten los mensajes. Allí se recrea y se interrumpe el motivo infinito de las cajas chinas y aparece en su lugar una hoja en blanco como si las cartas estuvieran definitivamente echadas. Nos dice González en “Diversos tiempos” que “en los armarios yace lo apacible / la cintura de una palabra / ese olor, que no se sabía poesía”.
Debemos señalar, antes de continuar con el análisis del libro, un detalle que no puede considerarse menor y que recrea una curiosa parábola en cuanto al singular estilo de escritura de Lisandro González. Abogado de profesión, no escapará a nadie que su labor como tal se halla inmersa en un ámbito dominado por un enorme espectro de palabras y donde, a partir de ellas, se construye la arquitectura propia de su actividad como jurista.
Sin embargo, y esto ya se venía perfilando en su anterior Leña del árbol erguido, a través de una envidiable economía de esas mismas palabras, logra representar imágenes con absoluta precisión sin necesidad de adornarlas con términos que sólo hubieran contribuido a forzar la propuesta. Esa economía de palabras no actúa en desmedro de los poemas sino que funciona como un catalizador de la energía que existe entre los vocablos y su fina exactitud.
Al decir de Voltaire “Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”. Nada de eso sucede aquí: a partir de una cuidadosa y esmerada elección de los términos se descubren paisajes que van desde la exquisitez para referirse a las lunas “arrojan vapores / perfuman / y adormecen al planeta / ya crepitante” hasta versos decididamente inquietantes como “habitantes de todos los siglos / dejan sus ojos delicados en tazas azules”.
Tampoco puede ocultarse la influencia que sobre el poeta han tenido elementos disímiles como la música, la urbanidad entendida modo de vida en las grandes ciudades, la cinematografía y la explosión y grados de impacto de los diferentes medios de comunicación. Sin apelar a barroquismos superfluos, el autor rinde homenaje a toda una cultura musical y a la estética derivada de ella no sólo en sus versos sino desde el título mismo del libro que es una canción de la banda británica Marillion.
La traducción libre que del tema Hobbies de Hotel realizara Fernando Marquínez nos dice “ La única señal de vida es el tic tac de la pluma / introduciendo caracteres a las memorias como un viejo amigo / frenético como cardiógrafo garabateando las líneas “, lo cual constituye toda una definición.
A pesar de su coqueteo con la cultura rock, González no se desvía de cierto clasicismo temático, evidentemente no es el rock contestatario el que aparece como referente de sus textos sino el lírico y el poético (la palabra “Almendra” nos remite ineludiblemente a Luis A. Spinetta) y así lo consigna desde los primeros versos del libro con “era clásica la postura de los amantes” aunque en lo formal se observe una apuesta libertaria por el no uso de mayúsculas (salvo en los títulos) ni de signos de puntuación.
Mientras va desgranando guiños a la cultura del zapping (“ven la belleza del campo en la ciudad y del alma, así sucesivamente cambiando de canales”) también hay un lugar donde nos va contando las aventuras de un héroe animado en la serie “tres baladas para un chico migraña” o en la sentida manifestación a la memoria de Fabián Polosecki en la parte dedicada a los personajes. Es importante detenerse en este punto y observar cómo, a pesar del paso del tiempo, ciertas trayectorias, conductas y procederes no se oxidan. Rescatarlos, como propone Lisandro González desde sus páginas, es casi una declaración de principios y, por valiosa, nunca debería caer en el olvido. Ese mirar donde otros no ven (o no quieren ver) se plasma admirablemente en “todos huyen / salvo un visitante / mira el otro lado del tren / y cuenta lo que ve”.
Párrafo aparte merece el segmento dedicado a la política: quizás como muchos, el poeta aparece extremadamente escéptico. Apenas tres palabras para definir un punto de vista y demostrar que el tema no le es en absoluto indiferente sino que tiene sobre él una mirada tan dura como lúcida acerca del pobre ejercicio del poder. Solamente le fueron necesarias tres palabras y una de ellas fue “abdicar” o, lo que es igual, entregar, renunciar. Y eso no es poco como intento de reflejar un estado de las cosas. Por el contrario, posiblemente sea demasiado.
Para terminar de cerrar las apelaciones no puede obviarse la referida al cine. Desde la primera poesía (Un amor de película) Lisandro desgrana un punto de vista cinematográfico sobre lo erótico. Esta mirada abarcativa, este punto de vista fílmico que contiene a la totalidad del amor y lo pannea, nunca deja de montarse y editarse en detalles contundentes y devastadores de la elemental esencia amorosa: “un insecto verde y rojo / se posó en su vientre / algo oscuro / le llevaba un mensaje de amor / que lerdamente / él hizo crujir / en sus manos // Toman vino en sus tazas / y se zambullen de cabeza / hacia la profundidad del día.
Esta poética nos remonta – épicamente – a una tradición visual y plástica que toma los emblemas de la nouvelle vague y oscila en un contrapunto entre los pequeños detalles y los desmesurados horizontes del vínculo; a que una mirada, o una conmoción, ajenice la unión, la describa como impropia y la subjetivice en una escena de la que los protagonistas son absolutamente ignorantes.
En ese zoom que distingue en la vastedad de paisaje los atributos nimios del amor se logra lo más difícil: conjugar en el discurso poético los significantes y los encantos del lenguaje cinematográfico. Al decir de Lenne, se traduce a versos el elemento fantástico del cine.
Claro exponente de la nueva generación de poetas rosarinos, González levanta el velo obsceno de lo cotidiano y nos permite ver el verdadero rostro de los hombres. Probablemente por eso ha decidido articular la obra de modo que su lectura suponga escalar los peldaños de una imaginaria escalera elevándonos desde lo explícitamente terrenal expresado en “Un amor de película” y donde así lo expresan los versos “ en el cine se acuerdan del cine / de la mano que / descuidadamente / se están tomando” hasta desembocar en la serenamente reflexiva “Con la última sombra” y su apasionado “la vida en tu boca / es montaña / de un árbol desnudo”. Aquí nos muestra, con la inequívoca particularidad de sus afirmaciones, en qué vereda se encuentra parado para opinar y hacernos pensar sobre el sentido mismo de la vida y nuestro paso por ella. Esto queda plasmado en los bellos versos de cierre “la vida es el coraje / de la ropa antigua / ardiendo sobre la felicidad / de la piel para hacer / humo en el lugar / de los ausentes”..
Quizás sea un pálpito, un presagio. Quizás sea esa premonición, y no otra, la puerta que Lisandro González ha dejado abierta para su próxima obra. Quién sabe…
Roberto Lobos – Fernando Marquínez – Ricardo Guiamet
DICIEMBRE 2004
de Lisandro González / Ediciones En danza - 2004
Hobbies de Hotel es la confirmación de una serie de cosas que, a partir de la literatura, pueden descubrirse, aún en los pequeñas señales que la creación muestra y que merecen conocerse no sólo para comprender en su justa dimensión el universo del autor sino para compartirlo desde los textos que él mismo nos entrega.
Es dable aceptar la sencillez de las incidencias de la poesía de Lisandro González sobre “lo real” en tanto y en cuanto corta - y fragmenta - espacios cotidianos para desgajar así fotos sueltas del álbum de cada día otorgándoles una mirada renovada que vislumbra y especula joyas en cada trozo. Esa simpleza se sostiene en tópicos y permanencias que orientan, indican y distinguen una visión “gonzalezca” acerca de la percepción.
El hotel representa el estado ideal del ocio creativo, acaso el viaje que invita a la imaginería. Así, la noche se ve distinta desde el hotel, la luna cambia de ropaje, el amor lleva otro perfume y cada lugar se vive con la certeza de su inexorable desvanecimiento. Solamente quedará la imagen encriptada como una fotografía lista para reactivar el recuerdo y evocar la sustancia desaparecida.
El libro está dividido en capítulos que intercalan distintos matices. En ellos hay lugar para muchos lugares, algunos conocidos por todos, otros explorados por el particular criterio del escritor y otros expuestos casi como una ofrenda para que el lector concluya por sí mismo el disparador encendido desde la soledad de la mesa de trabajo del poeta.
Ninguna de las separaciones mencionadas precedentemente están aisladas del todo que conforma la obra. A través de ellas, y con total intencionalidad claro, nos va introduciendo en un camino a veces amplio, a veces cerrado - siempre ascético - que marca claramente cuál es su postura frente a los temas elegidos como medulares en el contenido general del poemario.
Nada es casualidad en Hobbies de Hotel: desde la tapa misma se advierten los mensajes. Allí se recrea y se interrumpe el motivo infinito de las cajas chinas y aparece en su lugar una hoja en blanco como si las cartas estuvieran definitivamente echadas. Nos dice González en “Diversos tiempos” que “en los armarios yace lo apacible / la cintura de una palabra / ese olor, que no se sabía poesía”.
Debemos señalar, antes de continuar con el análisis del libro, un detalle que no puede considerarse menor y que recrea una curiosa parábola en cuanto al singular estilo de escritura de Lisandro González. Abogado de profesión, no escapará a nadie que su labor como tal se halla inmersa en un ámbito dominado por un enorme espectro de palabras y donde, a partir de ellas, se construye la arquitectura propia de su actividad como jurista.
Sin embargo, y esto ya se venía perfilando en su anterior Leña del árbol erguido, a través de una envidiable economía de esas mismas palabras, logra representar imágenes con absoluta precisión sin necesidad de adornarlas con términos que sólo hubieran contribuido a forzar la propuesta. Esa economía de palabras no actúa en desmedro de los poemas sino que funciona como un catalizador de la energía que existe entre los vocablos y su fina exactitud.
Al decir de Voltaire “Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”. Nada de eso sucede aquí: a partir de una cuidadosa y esmerada elección de los términos se descubren paisajes que van desde la exquisitez para referirse a las lunas “arrojan vapores / perfuman / y adormecen al planeta / ya crepitante” hasta versos decididamente inquietantes como “habitantes de todos los siglos / dejan sus ojos delicados en tazas azules”.
Tampoco puede ocultarse la influencia que sobre el poeta han tenido elementos disímiles como la música, la urbanidad entendida modo de vida en las grandes ciudades, la cinematografía y la explosión y grados de impacto de los diferentes medios de comunicación. Sin apelar a barroquismos superfluos, el autor rinde homenaje a toda una cultura musical y a la estética derivada de ella no sólo en sus versos sino desde el título mismo del libro que es una canción de la banda británica Marillion.
La traducción libre que del tema Hobbies de Hotel realizara Fernando Marquínez nos dice “ La única señal de vida es el tic tac de la pluma / introduciendo caracteres a las memorias como un viejo amigo / frenético como cardiógrafo garabateando las líneas “, lo cual constituye toda una definición.
A pesar de su coqueteo con la cultura rock, González no se desvía de cierto clasicismo temático, evidentemente no es el rock contestatario el que aparece como referente de sus textos sino el lírico y el poético (la palabra “Almendra” nos remite ineludiblemente a Luis A. Spinetta) y así lo consigna desde los primeros versos del libro con “era clásica la postura de los amantes” aunque en lo formal se observe una apuesta libertaria por el no uso de mayúsculas (salvo en los títulos) ni de signos de puntuación.
Mientras va desgranando guiños a la cultura del zapping (“ven la belleza del campo en la ciudad y del alma, así sucesivamente cambiando de canales”) también hay un lugar donde nos va contando las aventuras de un héroe animado en la serie “tres baladas para un chico migraña” o en la sentida manifestación a la memoria de Fabián Polosecki en la parte dedicada a los personajes. Es importante detenerse en este punto y observar cómo, a pesar del paso del tiempo, ciertas trayectorias, conductas y procederes no se oxidan. Rescatarlos, como propone Lisandro González desde sus páginas, es casi una declaración de principios y, por valiosa, nunca debería caer en el olvido. Ese mirar donde otros no ven (o no quieren ver) se plasma admirablemente en “todos huyen / salvo un visitante / mira el otro lado del tren / y cuenta lo que ve”.
Párrafo aparte merece el segmento dedicado a la política: quizás como muchos, el poeta aparece extremadamente escéptico. Apenas tres palabras para definir un punto de vista y demostrar que el tema no le es en absoluto indiferente sino que tiene sobre él una mirada tan dura como lúcida acerca del pobre ejercicio del poder. Solamente le fueron necesarias tres palabras y una de ellas fue “abdicar” o, lo que es igual, entregar, renunciar. Y eso no es poco como intento de reflejar un estado de las cosas. Por el contrario, posiblemente sea demasiado.
Para terminar de cerrar las apelaciones no puede obviarse la referida al cine. Desde la primera poesía (Un amor de película) Lisandro desgrana un punto de vista cinematográfico sobre lo erótico. Esta mirada abarcativa, este punto de vista fílmico que contiene a la totalidad del amor y lo pannea, nunca deja de montarse y editarse en detalles contundentes y devastadores de la elemental esencia amorosa: “un insecto verde y rojo / se posó en su vientre / algo oscuro / le llevaba un mensaje de amor / que lerdamente / él hizo crujir / en sus manos // Toman vino en sus tazas / y se zambullen de cabeza / hacia la profundidad del día.
Esta poética nos remonta – épicamente – a una tradición visual y plástica que toma los emblemas de la nouvelle vague y oscila en un contrapunto entre los pequeños detalles y los desmesurados horizontes del vínculo; a que una mirada, o una conmoción, ajenice la unión, la describa como impropia y la subjetivice en una escena de la que los protagonistas son absolutamente ignorantes.
En ese zoom que distingue en la vastedad de paisaje los atributos nimios del amor se logra lo más difícil: conjugar en el discurso poético los significantes y los encantos del lenguaje cinematográfico. Al decir de Lenne, se traduce a versos el elemento fantástico del cine.
Claro exponente de la nueva generación de poetas rosarinos, González levanta el velo obsceno de lo cotidiano y nos permite ver el verdadero rostro de los hombres. Probablemente por eso ha decidido articular la obra de modo que su lectura suponga escalar los peldaños de una imaginaria escalera elevándonos desde lo explícitamente terrenal expresado en “Un amor de película” y donde así lo expresan los versos “ en el cine se acuerdan del cine / de la mano que / descuidadamente / se están tomando” hasta desembocar en la serenamente reflexiva “Con la última sombra” y su apasionado “la vida en tu boca / es montaña / de un árbol desnudo”. Aquí nos muestra, con la inequívoca particularidad de sus afirmaciones, en qué vereda se encuentra parado para opinar y hacernos pensar sobre el sentido mismo de la vida y nuestro paso por ella. Esto queda plasmado en los bellos versos de cierre “la vida es el coraje / de la ropa antigua / ardiendo sobre la felicidad / de la piel para hacer / humo en el lugar / de los ausentes”..
Quizás sea un pálpito, un presagio. Quizás sea esa premonición, y no otra, la puerta que Lisandro González ha dejado abierta para su próxima obra. Quién sabe…
Roberto Lobos – Fernando Marquínez – Ricardo Guiamet
DICIEMBRE 2004
Selección de poemas de Esta música abanica cualquier corazón (1994)
DE REFILÓN
En el velorio de la tarde
cae una rodaja, se corta un péndulo.
Alguien
en el último espejo
escribe. Tersos baldíos.
Todo sucede
en el pequeño tamaño de las horas.
Hasta brotan cigarrillos
en rosas de cobre.
Umbrales alambran
otras memorias.
Y un tango. Colgado
de una pieza con aliento a polvo.
Y el cielo, que deja de lado
algunas nubes.
SEDUCCIÓN
Rosario abre su escote:
lo recibe una cantera
donde los parroquianos
pulen diamantes
en las cervezas.
Esta ciudad no es fácil:
las memorias
aparecen
en los pocillos mal lavados,
en los cabellos de un río.
THE NIGHT KILLS THE CAT
Rosario enciende
con elegancia
sus alcantarillas.
Las paredes destilan
esa somnolencia pesada
que grita
“no hay lugar en el aire”.
Y la noche, maldita noche
no puede contener
al sol –termómetro
de soledades-
en su ascenso promiscuo.
Aún molestan
los amaneceres
y ciertas madres ajenas.
Otras no.
ROSARIO, UNA TARDE
Los decibeles de la tormenta
hacen alarde
con su lírica
maquinaria.
¿O NO SER?
Caen los árboles
sobre el cielo
y la tierra, mojada
de un azul profundo, oscuro.
El mundo se vuelca
en un pájaro.
DIFÍCIL DETENER EL DÍA
Atardecía.
Como otras veces,
como demasiadas veces.
Nada parecía poder detener
este sol.
Ya sólo resta
un ciego sonido de lumbres.
La boca del cielo
se cierra
y solo, un rastrojo de las sombras.
El encrespado batido de luces
se pierde
en un atardecer violeta.
Esta música
abanica
cualquier corazón.
En el velorio de la tarde
cae una rodaja, se corta un péndulo.
Alguien
en el último espejo
escribe. Tersos baldíos.
Todo sucede
en el pequeño tamaño de las horas.
Hasta brotan cigarrillos
en rosas de cobre.
Umbrales alambran
otras memorias.
Y un tango. Colgado
de una pieza con aliento a polvo.
Y el cielo, que deja de lado
algunas nubes.
SEDUCCIÓN
Rosario abre su escote:
lo recibe una cantera
donde los parroquianos
pulen diamantes
en las cervezas.
Esta ciudad no es fácil:
las memorias
aparecen
en los pocillos mal lavados,
en los cabellos de un río.
THE NIGHT KILLS THE CAT
Rosario enciende
con elegancia
sus alcantarillas.
Las paredes destilan
esa somnolencia pesada
que grita
“no hay lugar en el aire”.
Y la noche, maldita noche
no puede contener
al sol –termómetro
de soledades-
en su ascenso promiscuo.
Aún molestan
los amaneceres
y ciertas madres ajenas.
Otras no.
ROSARIO, UNA TARDE
Los decibeles de la tormenta
hacen alarde
con su lírica
maquinaria.
¿O NO SER?
Caen los árboles
sobre el cielo
y la tierra, mojada
de un azul profundo, oscuro.
El mundo se vuelca
en un pájaro.
DIFÍCIL DETENER EL DÍA
Atardecía.
Como otras veces,
como demasiadas veces.
Nada parecía poder detener
este sol.
Ya sólo resta
un ciego sonido de lumbres.
La boca del cielo
se cierra
y solo, un rastrojo de las sombras.
El encrespado batido de luces
se pierde
en un atardecer violeta.
Esta música
abanica
cualquier corazón.
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