Thursday, August 24, 2006

Comentario de Hobbies de Hotel por Lobos, Guiamet y Marquinez

"HOBBIES DE HOTEL"
de Lisandro González / Ediciones En danza - 2004

Hobbies de Hotel es la confirmación de una serie de cosas que, a partir de la literatura, pueden descubrirse, aún en los pequeñas señales que la creación muestra y que merecen conocerse no sólo para comprender en su justa dimensión el universo del autor sino para compartirlo desde los textos que él mismo nos entrega.
Es dable aceptar la sencillez de las incidencias de la poesía de Lisandro González sobre “lo real” en tanto y en cuanto corta - y fragmenta - espacios cotidianos para desgajar así fotos sueltas del álbum de cada día otorgándoles una mirada renovada que vislumbra y especula joyas en cada trozo. Esa simpleza se sostiene en tópicos y permanencias que orientan, indican y distinguen una visión “gonzalezca” acerca de la percepción.
El hotel representa el estado ideal del ocio creativo, acaso el viaje que invita a la imaginería. Así, la noche se ve distinta desde el hotel, la luna cambia de ropaje, el amor lleva otro perfume y cada lugar se vive con la certeza de su inexorable desvanecimiento. Solamente quedará la imagen encriptada como una fotografía lista para reactivar el recuerdo y evocar la sustancia desaparecida.
El libro está dividido en capítulos que intercalan distintos matices. En ellos hay lugar para muchos lugares, algunos conocidos por todos, otros explorados por el particular criterio del escritor y otros expuestos casi como una ofrenda para que el lector concluya por sí mismo el disparador encendido desde la soledad de la mesa de trabajo del poeta.
Ninguna de las separaciones mencionadas precedentemente están aisladas del todo que conforma la obra. A través de ellas, y con total intencionalidad claro, nos va introduciendo en un camino a veces amplio, a veces cerrado - siempre ascético - que marca claramente cuál es su postura frente a los temas elegidos como medulares en el contenido general del poemario.
Nada es casualidad en Hobbies de Hotel: desde la tapa misma se advierten los mensajes. Allí se recrea y se interrumpe el motivo infinito de las cajas chinas y aparece en su lugar una hoja en blanco como si las cartas estuvieran definitivamente echadas. Nos dice González en “Diversos tiempos” que “en los armarios yace lo apacible / la cintura de una palabra / ese olor, que no se sabía poesía”.
Debemos señalar, antes de continuar con el análisis del libro, un detalle que no puede considerarse menor y que recrea una curiosa parábola en cuanto al singular estilo de escritura de Lisandro González. Abogado de profesión, no escapará a nadie que su labor como tal se halla inmersa en un ámbito dominado por un enorme espectro de palabras y donde, a partir de ellas, se construye la arquitectura propia de su actividad como jurista.
Sin embargo, y esto ya se venía perfilando en su anterior Leña del árbol erguido, a través de una envidiable economía de esas mismas palabras, logra representar imágenes con absoluta precisión sin necesidad de adornarlas con términos que sólo hubieran contribuido a forzar la propuesta. Esa economía de palabras no actúa en desmedro de los poemas sino que funciona como un catalizador de la energía que existe entre los vocablos y su fina exactitud.
Al decir de Voltaire “Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”. Nada de eso sucede aquí: a partir de una cuidadosa y esmerada elección de los términos se descubren paisajes que van desde la exquisitez para referirse a las lunas “arrojan vapores / perfuman / y adormecen al planeta / ya crepitante” hasta versos decididamente inquietantes como “habitantes de todos los siglos / dejan sus ojos delicados en tazas azules”.
Tampoco puede ocultarse la influencia que sobre el poeta han tenido elementos disímiles como la música, la urbanidad entendida modo de vida en las grandes ciudades, la cinematografía y la explosión y grados de impacto de los diferentes medios de comunicación. Sin apelar a barroquismos superfluos, el autor rinde homenaje a toda una cultura musical y a la estética derivada de ella no sólo en sus versos sino desde el título mismo del libro que es una canción de la banda británica Marillion.
La traducción libre que del tema Hobbies de Hotel realizara Fernando Marquínez nos dice “ La única señal de vida es el tic tac de la pluma / introduciendo caracteres a las memorias como un viejo amigo / frenético como cardiógrafo garabateando las líneas “, lo cual constituye toda una definición.
A pesar de su coqueteo con la cultura rock, González no se desvía de cierto clasicismo temático, evidentemente no es el rock contestatario el que aparece como referente de sus textos sino el lírico y el poético (la palabra “Almendra” nos remite ineludiblemente a Luis A. Spinetta) y así lo consigna desde los primeros versos del libro con “era clásica la postura de los amantes” aunque en lo formal se observe una apuesta libertaria por el no uso de mayúsculas (salvo en los títulos) ni de signos de puntuación.
Mientras va desgranando guiños a la cultura del zapping (“ven la belleza del campo en la ciudad y del alma, así sucesivamente cambiando de canales”) también hay un lugar donde nos va contando las aventuras de un héroe animado en la serie “tres baladas para un chico migraña” o en la sentida manifestación a la memoria de Fabián Polosecki en la parte dedicada a los personajes. Es importante detenerse en este punto y observar cómo, a pesar del paso del tiempo, ciertas trayectorias, conductas y procederes no se oxidan. Rescatarlos, como propone Lisandro González desde sus páginas, es casi una declaración de principios y, por valiosa, nunca debería caer en el olvido. Ese mirar donde otros no ven (o no quieren ver) se plasma admirablemente en “todos huyen / salvo un visitante / mira el otro lado del tren / y cuenta lo que ve”.
Párrafo aparte merece el segmento dedicado a la política: quizás como muchos, el poeta aparece extremadamente escéptico. Apenas tres palabras para definir un punto de vista y demostrar que el tema no le es en absoluto indiferente sino que tiene sobre él una mirada tan dura como lúcida acerca del pobre ejercicio del poder. Solamente le fueron necesarias tres palabras y una de ellas fue “abdicar” o, lo que es igual, entregar, renunciar. Y eso no es poco como intento de reflejar un estado de las cosas. Por el contrario, posiblemente sea demasiado.
Para terminar de cerrar las apelaciones no puede obviarse la referida al cine. Desde la primera poesía (Un amor de película) Lisandro desgrana un punto de vista cinematográfico sobre lo erótico. Esta mirada abarcativa, este punto de vista fílmico que contiene a la totalidad del amor y lo pannea, nunca deja de montarse y editarse en detalles contundentes y devastadores de la elemental esencia amorosa: “un insecto verde y rojo / se posó en su vientre / algo oscuro / le llevaba un mensaje de amor / que lerdamente / él hizo crujir / en sus manos // Toman vino en sus tazas / y se zambullen de cabeza / hacia la profundidad del día.
Esta poética nos remonta – épicamente – a una tradición visual y plástica que toma los emblemas de la nouvelle vague y oscila en un contrapunto entre los pequeños detalles y los desmesurados horizontes del vínculo; a que una mirada, o una conmoción, ajenice la unión, la describa como impropia y la subjetivice en una escena de la que los protagonistas son absolutamente ignorantes.
En ese zoom que distingue en la vastedad de paisaje los atributos nimios del amor se logra lo más difícil: conjugar en el discurso poético los significantes y los encantos del lenguaje cinematográfico. Al decir de Lenne, se traduce a versos el elemento fantástico del cine.
Claro exponente de la nueva generación de poetas rosarinos, González levanta el velo obsceno de lo cotidiano y nos permite ver el verdadero rostro de los hombres. Probablemente por eso ha decidido articular la obra de modo que su lectura suponga escalar los peldaños de una imaginaria escalera elevándonos desde lo explícitamente terrenal expresado en “Un amor de película” y donde así lo expresan los versos “ en el cine se acuerdan del cine / de la mano que / descuidadamente / se están tomando” hasta desembocar en la serenamente reflexiva “Con la última sombra” y su apasionado “la vida en tu boca / es montaña / de un árbol desnudo”. Aquí nos muestra, con la inequívoca particularidad de sus afirmaciones, en qué vereda se encuentra parado para opinar y hacernos pensar sobre el sentido mismo de la vida y nuestro paso por ella. Esto queda plasmado en los bellos versos de cierre “la vida es el coraje / de la ropa antigua / ardiendo sobre la felicidad / de la piel para hacer / humo en el lugar / de los ausentes”..
Quizás sea un pálpito, un presagio. Quizás sea esa premonición, y no otra, la puerta que Lisandro González ha dejado abierta para su próxima obra. Quién sabe…

Roberto Lobos – Fernando Marquínez – Ricardo Guiamet
DICIEMBRE 2004

6 comments:

Cosme Fulanito said...

El comentario a Hobbies me parece excesivo, ya en la extensión como en su intensión. Asimismo es obvio que esa es la opinión preparada de sus amigos y socios. Quisiera saber qué opinan de sus libros sus no-amigos y no-socios. Además, a Guiamet, según me han asegurado fehacientemente, no se le puede dar mucho crédito en sus aseveraciones.

Anonymous said...

Sr. Cosme F.: En primer lugar, identifíquese por favor antes de ofender a personas que hacen lo que pueden y no lo que quieren.En segundo lugar, no utilice un alias tan vulgar, hágame el favor y sea un poco más imaginativo.
Debería Vd. llamarse a silencio antes de escribir sandeces que no edifican y que pueden perturbar la tranquilidad de aquellos seres que pasan por la vida sin molestar a nadie.
Fdo. Olaf Menore
DNI 21.424.568

Anonymous said...

Es la polémica menor la que convierte a Olaf en un hobbie de la tontera de los blogs y a Cosme Fulanito lo banco a muerte
Fdo. Carlos Mattioli

Anonymous said...

Gracias por apoyarme, Sr. carlos Mattioli.
Cosme Fulanito

Anonymous said...

Cosme, la verdad que Guiamet y los demás me debían plata, y arreglamos con el comentario. Hay opiniones todavía más favorables sobre mi poesía que debería conocer, de gente que no son ni amigos ni socios (por ej, mis padres, mi sra, mi hija, etc.)(Aunque mi hija supongo que debe preferir a Barney antes que a mis poemas...)

Fdo: Gonzaga

Anonymous said...
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